Apoyo emocional y reproducción asistida Unidad de Psicología en URA Quirónsalud Donostia

En una entrada anterior en la que hacíamos alusión a los requisitos que los usuarios debían valorar a la hora de escoger una Unidad de Reproducción Asistida, hablábamos de un catálogo de prestaciones completo, en referencia a que cuantas más técnicas dominen los profesionales que trabajan en ellas, pues mucho mejor. No obstante, esta denominación no se circunscribe únicamente al ámbito tecnológico y biológico. Existe también una clara relación entre apoyo emocional y reproducción asistida.

En un proceso de reproducción asistida es fundamental ofrecer atención psicológica, ya que los problemas emocionales pueden aparecer antes (se calcula que el 40% de los pacientes sufre alguna alternación de esta índole cuando llega a una Unidad de Reproducción Asistida), durante (derivados fundamentalmente de la ansiedad por concebir y la frustración si el embarazo no llega) y después (cuando, por desgracia, la gestación no se consigue después de múltiples intentos con diversas técnicas).

Por este motivo, nuestra especialista Vicenta Giménez nos habla hoy de la importancia de contar con un psicólogo en las Unidades de Reproducción Asistida.

En los últimos 30 años, la ciencia ha realizado grandes avances en el campo de la medicina reproductiva, permitiendo a muchas mujeres y parejas formar una familia  con sus deseados hijos y contribuyendo a un mayor bienestar y felicidad.

La llegada de un hijo podemos decir que no se produce a través del embarazo físico, sino también a raíz de un proceso psicológico y emocional. Cuando una mujer o una pareja desea tener un hijo comienza por imaginarlo en su mente, fantasear sobre cómo será, a quién se parecerá…  Es más, se podría decir que, el primer embarazo que experimenta una mujer, tiene lugar con sus muñecas, cuando juega a ser mamá y algunos niños también a ser papás. Todos hemos sido testigos de sus conversaciones infantiles en las que los pequeños aventuran cuántos niños tendrán y con quién.

Sin embargo, a nadie se le ocurre pensar en si los podrá tener o no. De esta manera, es fácil entender que cuando una persona llega a la edad adulta y desea tener hijos, pero éstos no llegan por un problema de fertilidad, experimentan una sensación de tristeza por perder todo aquello con lo que siempre soñó y ha anhelado durante, a veces, bastante tiempo. Aunque nunca lo hayas llegado a tener, sientes que alguien te quita algo que te pertenece.

Durante las fases iniciales es muy normal sentir rabia, enfado,  e incluso creerse inferior a los demás. Parece que el resto de amigos, familiares, conocidos, amigos de amigos, vecinos… tienen hijos a la primera y uno no es capaz de lograr algo tan natural como lograr un embarazo.

También se llega a sentir vergüenza, envidia de otras parejas y baja autoestima; algo que suele desembocar en conductas evitativas para eludir las relaciones con parejas con niños y allegados que, normalmente sin ninguna doble intención, preguntan “¿y los niños para cuándo?…¿cuándo os animáis?”…

También nos encontramos parejas que tienen la sensación de estar recibiendo una especie de castigo divino o de estar pagando pecados pasados. En definitiva, sentimientos, sensaciones y pensamientos que no entran dentro de la Medicina, pero que hay que atender si no queremos que el proceso se convierta en una tortura.

Y es que la infertilidad no es sólo no poder tener un hijo, es una crisis vital, una ruptura del desarrollo como especie: nacer, crecer, reproducirse y morir. Parece como si los demás siguieran avanzando en su desarrollo y vosotros os hubierais quedado estancados. 

Por todo esto, cuando una pareja llega a una Unidad de Reproducción Asistida, suele llevar a sus espaldas todo un historial mensual de fracasos en su intento por concebir, fracasos secretamente guardados, ciclos de esperanza y desesperanza; algo más frecuente en parejas heterosexuales, ya que normalmente, cuando se trata de mujeres solas o de una pareja homosexual femenina, se accede a los tratamientos con más optimismo, con expectativas más altas y la ilusión de que se necesita ayuda para lograr el embarazo, pero no por circunstancias médicas o por ser infértil.

En cualquier caso, enfrentarse a la medicina reproductiva provoca que todos los y las pacientes se encuentren inmersos un nuevo, desconocido y complejo mundo que no entendéis muy bien, con la sensación de pérdida de control sobre las decisiones, los tiempos de actuación, el control sobre los resultados, cómo planificar el trabajo, qué decir a los amigos, a los padres, cómo organizaros como pareja, ¿quién apoya a quién? porque esto os afecta a los dos y si eres una mujer sola, ¿en quién te apoyas?

Por todo ello es fundamental contar con el apoyo de un psicólogo especializado en reproducción asistida. Conviene aceptar y partir de la base de que los éxitos obtenidos a través de la medicina reproductiva no son del 100% (ojalá lo fuesen) y en ocasiones es necesario realizar varios tratamientos hasta conseguirlo.

En muchas ocasiones esta espera desespera y puedes llegar a plantearte tirar la toalla, pero estos procesos son como un maratón: “cuando más cerca estás de la meta, más cansada estás y te planteas incluso abandonar”, explican algunas pacientes. Es en estos momentos donde los psicólogos podemos echaros una mano para enfrentaros a todas estas emociones y que podamos encontrar fuerzas cuando crees que flaquean, para que podamos hablar y reflexionar sobre ello y mantener una actitud positiva durante toda vuestra estancia en nuestra unidad, sintiéndoos acompañados por todo el equipo que trabaja para vosotros.

Muchas veces los psicólogos son un puente de comunicación entre el médico y los pacientes, ya que disponen  del tiempo y del espacio para reflexionar sobre todo lo que estáis viviendo en esos momentos, mantener el ánimo y transmitir a los facultativos inquietudes y dudas que a veces no surgen en la consulta puramente médica. Creemos que esta es la mejor manera de guardar un bonito recuerdo de vuestro paso por nuestra unidad; el lugar dónde se concibió vuestro hijo.

* Vicenta Giménez.

Psicóloga y Psicoterapeuta de la Unidad de Apoyo Psicológico de la Unidad de Reproducción Asistida Quirón San Sebastián.